Tecnoestrés: lo que la evolución tecnológica nos ha robado

No hace mucho leí esta noticia en La Razón y, aunque lo cierto es que no me sorprende el tema en sí, me hizo reflexionar y preguntarme ¿qué es lo que nos está pasando? ¿Cómo nos estamos dejando consumir de esta manera? ¿Acaso el intelecto no nos da para saber diferenciar la realidad de la “virtualidad”? o, lo que es peor ¿es posible que nos importe más nuestra vida online que nuestra vida “offline”?

No hay duda alguna de que la irrupción de las nuevas tecnologías de la información ha cambiado por completo nuestra vida y nos la ha facilitado en muchos aspectos, abriendo ante nuestros ojos un mundo de posibilidades infinitas (a mí, sin ir más lejos, me permiten expresarme libremente en este espacio susceptible de llegar a cualquier parte del mundo). Nos ahorran tiempo, ponen a nuestro alcance de forma “gratuita” toda la información que necesitamos, nos conectan con nuestros seres queridos cuando estamos lejos, …y multitud de ventajas que podríamos completar entre todos. Sin embargo, debemos ser conscientes de que su uso irresponsable puede derivar en patologías que el ser humano jamás hubiese pensado que existirían. Es el caso del denominado tecnoestrés, un trastorno provocado por la exposición continuada al uso de nuevas tecnologías de la información y comunicación como Internet, los móviles, la televisión digital o el teletrabajo (según el Observatorio Permanente de Riesgos Psicosociales de la UGT).

Y no me sorprende que la sociedad haya desarrollado este tipo de “males” tecnológicos (eran muchos los que preveían que la tecnología acabaría consumiéndonos) lo que realmente me sorprende es la incapacidad que tiene el ser humano de parar a tiempo, y la capacidad que tiene también de sobrepasar sin querer darse cuenta los límites permitidos. Una encuesta de Intel determina que el 40% de los usuarios permanece las 24 horas del día conectados a sus dispositivos y que 8 de cada 10 duermen con su teléfono móvil al lado. Además, las consultas por este tipo de estrés han crecido el 20% durante los últimos 5 años. El tecnoestrés provoca también problemas en el sueño, dolores de cabeza, dolores musculares y hasta trastornos gastrointestinales, según el artículo mencionado anteriormente.

Con estos datos, que cuanto menos son preocupantes, no me extraña que los especialistas afirmen ya que el tecnoestrés es una de las 10 nuevas patologías del siglo XXI. Pero, mi pregunta es ¿hasta adonde estamos llegando y por qué? Porque no hay duda de que hemos sido nosotros mismos los que hemos dado lugar a estas situaciones que están propiciando la aparición de estas nuevas enfermedades de la mente. Hemos sido nosotros los que no hemos sabido adaptarnos de una forma saludable a los nuevos tiempos.

Y es que, claro, estamos tan saturados de información que no nos da tiempo a pensar. No nos da tiempo a darnos cuenta del problema y, mucho menos, a recapacitar sobre el mismo. La inmediatez que ahora caracteriza a los medios (es más importante dar el primero la noticia que ofrecer a la población datos contrastados y firmes sobre la misma), la conexión constante a nuestro email o redes sociales para saber qué pasa en el mundo (que nos impide levantar la vista y observar lo que está ocurriendo a nuestro lado), la necesidad permanente de estar jugando con el móvil (mientras los juegos de mesa en familia cogen polvo en nuestros trasteros o, peor aún, terminan en la basura), las interminables tertulias de charla por WhatsApp (mientras nuestra madre, hermano, pareja o amigo intentan conversar con nosotros en la silla de al lado) implica que, sin darnos cuenta, estemos más atentos a nuestra realidad virtual que a nuestra realidad física y esto, por supuesto que produce estrés, porque agota psicológicamente querer ir al mismo ritmo que una realidad virtual que va mucho más deprisa de lo que nosotros podemos permitirnos, porque no debemos olvidar que somos seres humanos, que no somos máquinas. Cuando olvidamos esto…es cuando estamos perdidos, porque nos olvidamos de pensar, de analizar la información que recibimos a diario y, como dice Joaquín Sabina en una de sus letras hace falta pensar despacio para andar deprisa. Pero ya no sabemos pensar, olvidamos valorar lo que sienten en el exterior cada uno de nuestros sentidos… Olvidamos que la tecnología es eso, tecnología, y que no se nos va la vida en ella ni la perdemos sin ella. Si olvidamos esto, irremediablemente, olvidamos las cosas importantes de la vida.

¿Por qué donde quedaron las largas tardes de café con los amigos en cualquier lugar sin el móvil sobre la mesa? ¿quién nos robó la intuición de quedar siempre en el mismo sitio a la misma hora?¿las conversaciones importantes cara a cara?¿las largas cartas entre amantes?¿dónde quedó el placer de disfrutar de una película en familia?¿un libro de mano en mano entre amigos?

¿Quién nos robó los paseos por el parque sin ruidos virtuales? ¿Explicar entre 5 las reglas de un juego en la calle?¿dónde quedaron las tardes de bibliotecas comparando teorías estudiantiles ante un libro?¿quién nos robó la libertad de no estar disponible para nadie?

¿Y, sobre todo, dónde quedó la capacidad de darnos cuenta de que nos estamos olvidando de vivir (o al menos de vivir despacio, que es al fin y al cabo como se saborea la vida)? Me gustaría cerrar esta reflexión con un consejo, que intento aplicarme a mí misma cada día aunque no siempre lo consigo. Olvidad conscientemente el móvil en casa 15 minutos cada día, salir a pasear y decidme después que se siente al respirar sin en el zumbido de la tecnología siempre pegado a nuestra espalda. Sed libres…aunque sólo sea un ratito al día.

4 thoughts on “Tecnoestrés: lo que la evolución tecnológica nos ha robado

  1. Estoy tan de acuerdo contigo… Estamos perdiendo las buenas costumbres, olvidando salir a tomar un café o unas cervezas con los amigos, sin mirar constantemente el teléfono, olvidando ignorar por un momento toda esa tecnología de la que nos hacemos adictos día a día. Olvidamos hablar cara a cara, salir a caminar, respirar sin esperar una llamada, un mensaje, un aviso…
    Me encanta tu post 🙂 Yo también me lo aplico a mi misma cada día.

    1. Gracias por tu comentario. Me alegro muchísimo de que te guste y de que tú también intentes aplicarte el consejo cada día 😉 Leer comentarios como los tuyos me animan a seguir reflexionando y continuar cuestionando cada día nuestra realidad más cercana 🙂

  2. Lidia, tu apreciación sobre el estrés que genera la tecnología es bastante acertado según mi experiencia. En efecto, me pasa que me olvido del que está a mi lado, y estoy más enganchado de la información que de lo que me rodea, lo cual no es algo que haya que festejar. Sin embargo la vorágine y la manera en la que se transmite la información está haciendo, como en mi caso, que nos convirtamos en unos info-adictos, lo cual a su vez limita nuestra capacidad de observación interna. De la manera que lo veo, es como si la facilidad con la que encontramos información nos tiene conectados a esa realidad virtual porque es lo que al cerebro le gusta.
    Agradezco que hayas compartido tu punto de vista, de ahora en adelante una mayor introspección será fundamental. Y a dejar el móvil en la gaveta!!!

    1. Muchas gracias por tu comentario, muy de acuerdo con todo lo que dices….tenemos que aprender a encontrar ese punto intermedio que nos permita apreciar de nuevo los pequeños momentos que la tecnología (o quizás nosotros mismos) nos ha robado. Su utilidad es inengable, pero no debemos volvernos sus esclavos….

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