Juegos de Azar

Ya era tarde para mirar atrás, tarde para volver al momento en que empezó la partida, tarde para no empezar a jugar. Como todos los juegos, tenía sus riesgos, y, por supuesto, podías perder.  Pero eso no lo vió en aquel momento, y ahora, no podía volver y tampoco sabía como seguir la partida.

Atrapada, en la encrucijada que nunca sabes a ciencia cierta si es verdad o mentira. Cosas que pasan, se decía continuamente, mientras buscaba el modo de escapar de allí, sin mucho éxito. Llevaba días cayendo en la casilla que no era, días sacando en los dados el número que no servía, días lamentando haber empezado. Parecía mentira que hasta hace tan poco tuviese el control absoluto del juego, y no se explicaba como había llegado a perderlo de aquella forma.

Suposo entonces que no se encontraba rodeada de las condiciones más adecuadas, cosa que también sabía cuando decidió lanzar el dado por primera vez, pero lo hizo de todos modos, y ahora sufría las consecuencias de estar jugando una vez más el juego que ya tantas veces había perdido. Con el añadido de unos condiciones que no iban a ayudar demasiado…

Aún estaba a tiempo, sabía que podía rendirse ahora, abandonar la partida y evitar consecuencias mayores. A su mente se vino entonces un refrán “Una retirada a tiempo es, en ocasiones, una gran victoria”. ¿Y si lo hacía? ¿Y si abandonaba ahora que todavía no había perdido? Tenía los dados en la mano, pero no sabía que hacer con ellos… (Sigue leyendo la segunda parte…)

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