Juegos de Azar (III)

Leer Parte II (…)

Se levantó y parecía que la cabeza le iba a estallar. Todo a su alrededor había empeorado y ya no sabía si la solución era quedarse jugando o tirar ese juego a la basura, dejar de creer en el azar y arreglar de una vez por todas la casa, donde su vida se había ido formando con un esfuerzo que ahora le parecía casi una pérdida de tiempo. Cuando el camino se tuerce eres incapaz de ver la entereza que lo sostuvo durante tanto tiempo.

Volvió a mirar a la mesa, él seguía sentado detrás del tablero, había vuelto, o no se había ido en realidad, ya no lo sabía a ciencia cierta. Otra mirada con más atención le bastó para ver que él había vuelto a tirar, volvía a tocarle a ella, y la duda se apoderó de su mente una vez más. Escapar…pensó tantas veces en escapar que había perdido la cuenta de las veces que había osado intentar levantarse de aquella silla, sólo una lo había conseguido y casi muere en el intento. Entonces ¿cual era la solución a todo aquello? ¿Qué había de verdad y de mentira sobre aquel tablero?

Se sentó y siguió jugando, con la única excusa de olvidar aquella noche. Ya no era lo mismo, auquello ya no le entretenía tanto, casi jugaba por jugar. Y en una de las veces que se paró a pensar la siguiente jugada, pasó. Lo vio todo claro. Los dados no eran dados sino cartas. Alzó la vista y la voz seguía allí, en su mente. “Las cartas están sobre la mesa, ahora que lo sabes todo, que sabes de que va este juego, puedes abandonar si quieres, y yo me perderé en el olvido para siempre, o asumir que esto es un juego, que más que del azar depende de como juegues las cartas, y seguir jugando”

Y entonces lo comptrendió todo, el juego era real, aquella voz en su mente eran en realidad unos ojos que la miraban tras un cristal que separaba lo verdaderamente real de lo que no lo era tanto. Su vida seguía siendo la misma pero había que recoger la casa. Entre tanto, unas risas a destiempo en un tira y afloja buscando el as de corazones en la baraja tampoco vendrían mal, porque las cartas seguirían allí, porque también aquello formaba parte de su vida. ¿Hasta cuando? Imposible de saber ¿Hasta donde? El azar lo decidiría ¿Por qué? No había que buscar explicación alguna.

Así que volvió a tirar, porque ya era tarde para mirar atrás, tarde para volver al momento en que empezó la partida, tarde para no empezar a jugar. Y era el riesgo que tenía cualquier juego, que podías perder, pero eso ya no importaba, acabaría cuando tuviese que acabar y como tuviese que acabar, ¿qué necesidad de saberlo ahora había? Suguió jugando, pero esta vez, con los pies puestos en la tierra…

FIN

Deja un comentario