¿Quién dijo que la felicidad fuese esto?

Hoy quiero compartir con vosotros este trocito de diálogo de la película “Perdiendo el Norte”. Aunque la película en sí me gustó bastante (por ser una comedia que analiza en tono humorístico un problema bastante serio que, desgraciadamente, viven muchos jóvenes en España y sobre el que deberíamos reflexionar cada día) he querido compartir con vosotros precisamente este trocito porque es el que más me hizo reflexionar en toda la película…

¿Os habéis planteado alguna vez cual es vuestra meta en la vida? Imagino que sí, pero lo más importante es descubrir quien os impuso realmente esa meta, ¿fuisteis vosotros? ¿O fueron otros los que indirectamente os empujaron a lo que sois?

Vivimos en una sociedad donde lo importante, lo que se supone que es el mayor orgullo y satisfacción para una persona, es, precisamente, tener unos buenos estudios, una buena casa, un buen coche…valores materiales sin duda alguna. Y esto es así porque es lo que nos enseñan, para lo que nos educan y eso es lo que todos esperan de sus hijos y lo que todos queremos darle a nuestros padres, aunque se nos vaya la vida en ello, aunque por tener una casa hipotequemos tantos y tantos momentos, aunque el ahorrar para ello nos lleve a perdernos tantas otras cosas…Aunque para tener un buen trabajo perdamos nuestros valores, y nos importe poco si valoran o no nuestro trabajo o si es lo que realmente queremos, lo importante es cobrar para poder pagar la “felicidad” de tener una buena casa o un buen coche. Y cuando nos partimos los cuernos, como suele decirse, para conseguirlo, día tras día, nuestra única satisfacción es haber hecho lo que es “normal” hacer…haber alcanzado la meta. Pero, ¿y por qué esa meta?

Este diálogo refleja muy bien el porqué de esa meta, y nos hace plantearnos también si fuimos nosotros quien la puso o ya venía impuesta…

Para los que no hayáis visto la peli, y para situarnos, un hijo (tras una experiencia fracasada en el extranjero) habla con un padre justo antes de casarse con una mujer a la que realmente no ama pero que le da la estabilidad económica que todo el mundo desea. Con ese importante paso, renunciará a la vida sin lujos que lleva, sin lujos pero verdadera, a cambio de esa vida disfrazada que todos esperan. Y cuando el padre le pregunta si de verdad quiere casarse él le responde…

“Bueno, es lo que siempre habéis querido de mí ¿no? Que tuviera unos estudios, un buen trabajo, una casa bonita…”

A lo que el padre le dice…

“Sí, sí, sí, y un 4×4 y un apartamento en Torrevieja… ¿Pero tú que quieres? ¿Acabar como yo? Que no puedo dormir pensando en cómo voy a pagar la hipoteca…Que cada mañana me levanto con una presión en el pecho que no puedo respirar. Que veo las noticias con el culo “apretao” por si al gobierno le da por subir otro impuesto…

Cada día me levanto pensando quien ha sido el desgraciado que nos ha engañado haciéndonos creer que la felicidad era esto…Para mí ya es tarde, pero tú aún estás a tiempo…Vive la vida que quieras, no la que puedas”

Creo que sobran los comentarios, pero me permitiré hacer uno, porque yo también me levanto muchas mañanas pensando en quien fue el que se inventó esto…y en como fuimos tan tontos de creérnoslo todo. La felicidad, no es lo que otros dicen que es la felicidad, sino lo que realmente nos hace felices, y a veces no tiene forma ni de casa, ni de coche, ni de trabajo con chaquetas, a veces tiene forma, sencillamente, de TU VIDA.

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