Día del trabajador. Carta a un trabajador cualquiera

Día del trabajador. Carta a un trabajador cualquiera

Querido compañero trabajador:

Tú, si tú, que seguramente estarás como yo celebrando en cualquier parte tu merecido día de descanso. O, peor aún, trabajando bajo unas condiciones lamentables en tu día, porque el silencio es más fácil que la revolución que merecemos.

Pues a ti, sí, a ti, a ti hoy, Día del Trabajador, te escribo esta carta. Por si llega a alguna parte y remueve la conciencia del que celebra un día que perdió el sentido cuando murieron los valores que lo alzaron.

Te lo escribo a ti, que te pagan menos de lo que te corresponde por trabajar más de lo que deberías. Y también a ti, que le besas el culo a tu jefe cada día perdiendo la poca dignidad que te queda. O al que está tan agachado que su culo es la estampa que todos ven por la mañana cuando llegan.

También me dirijo a ti, que has cambiado tu familia por horas interminables en una oficina que apesta. O a ti que hiciste un pacto con el diablo por miedo a perder la mierda que te alimenta cada día. Y a aquel que parece vivir encantado de ser un maldito número creado para que los números de otros cuadren.

Y a ti también, que te dejas avasallar por sus compañeros pelotas y al final ruedas con ellos. Y al que se ha convertido en el burro de carga de aquellos otros aburguesados que se creen mejor que ellos. O al que se enfrenta cada día a una tortura propiciada por las propias armas que él mismo elabora con el sudor de su frente.

Y por supuesto a ti, que no tienes cojones de dar de una vez con el puño en la mesa para decir basta. Basta ya de miedos. De abusos. De ser el bufón de un rey que no merece la corona que le estás dando. O al que se alimenta de las sobras del que sí luchó por sus derechos, pero perdió la batalla. Y también al que perdió la esperanza y ya no lucha. O al que nunca tuvo ganas de luchar por nada.

¿Y qué decir de ti?, que sigues votando como si nada al que acribilla tus derechos riéndose de ti en la cara. O del que desde un sindicato va vendiendo los derechos de los suyos a cambio de una silla caliente al lado de quien convirtió su pluma en el látigo que enrojece la espalda y adormece la conciencia. De ti no espero ni que llegues al final de esta carta…

Pues a ellos, a mí misma y a todos. A todos los que tiramos por la borda cada día las manos manchadas de sangre de los que un día lucharon por nosotros. Es a ellos a los que escribo hoy, en su día, esta carta. Porque no merecemos festejar hoy lo que no tenemos agallas de pedir a diario. Lástima que estemos celebrando lo que hace mucho tiempo ya perdimos sin remedio…

 

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