C’est la vie

No sé por qué, pero siempre me sonó esta frase bien en francés… C’est la vie. Supongo que la musicalidad de la lengua francesa y el tono que utilizan cuando hablan (bajo mi punto de vista, mucho más suave que el nuestro), ayuda. Y supongo también que, aunque en francés tenga la misma connotación que en español, al decirlo en este idioma me da la sensación de que el problema al que acompaña (porque normalmente esta expresión suele acompañar a un problema, o mejor aún, a una injusticia) es menos grave. Sin ir más lejos yo lo he usado en multitud de ocasiones, hacía otros y hacía mi misma, como si el consuelo que implica decirlo le diese un matiz de valentía a quien se dirige por conseguir convivir a diario con esa situación injusta.

Sin embargo, la realidad española queda lejos del uso de galicismos para quitarle, como diría otra expresión, “hierro al asunto”. Por mucho que me suene mejor esta expresión en francés, al igual que en español, refleja una de las más modernas enfermedades mentales que azotan hoy nuestro país: el conformismo. Esta historia que ahora os cuento podría estar ocurriendo un día cualquiera, en un bar cualquiera, de un país donde los derechos laborales no paran de ser pisoteados mientras observamos, absortos pero sin movernos, como se van borrando de un plumazo todo por cuanto lucharon nuestros abuelos, sin tener el valor suficiente de hacer nada para evitarlo. Y el protagonista podría ser Manolo, Paco, Pepe, Juan… podría llamarse Olga, Virginia, Ana, Alicia… daría igual el nombre, porque seguro que todos conocemos a alguien con historias que, aunque desgraciadamente ya no sorprenden, queman la conciencia, y hasta el alma…

 

…Se abrió la puerta y entró, una tarde más. Pidió lo de siempre, una copa de vino. Decía que, después del trabajo, había que callar al orgullo y anestesiar el alma para poder terminar el día sin tirarte por un puente. ¿Un día duro? – le preguntaba – Como siempre, me decía. Ya casi no me contaba sus historias laborales, supongo que estaba cansado de contarme siempre lo mismo. En los últimos meses casi me había convertido en su psicólogo particular o, al menos, en su paño de lágrimas. No era la misma persona desde que anunciaron el ERE. Cavilaba cada día sobre cómo podía cambiar la situación, qué hacer al respecto, pero supongo que la única salida que encontraba era marcharse de aquel infierno algo que, lamentablemente, no podía permitirse, pues tenía que mantener, el sólo, a su mujer y tres hijos, mayores de edad todos y con estudios por cierto. Por más vueltas que le daba, no encontraba la solución en el fondo de aquella copa de vino, por eso siempre que se le acababa, se marchaba, cabizbajo.

 

Pero ese día no se marchó, traía otra historia, así que pidió otra copa de vino:

 

-¿Te puedes creer que tengo que trabajar este domingo?

-¿Y eso?- le preguntaba yo

-Pues nada, que está entrando mucho trabajo y, como le debemos horas a esos caxxxx antes de que empiece el año por ese ajuste raro que hacen, pues nada, ajo y agua.

-¿Pero si lleváis toda la semana echando horas?

-Pues ya ves que sí. Y encima, me quitan el único día de la semana que tengo para descansar….de aquí al domingo que viene que tenga el día libre otra vez….

-Lo que no me entra en la cabeza es, si estáis en ERE porque supuestamente no hay trabajo, ¿qué necesidad tenían entonces de echar a gente a la calle para que ahora tengáis que echar horas porque no podéis sacar todo el trabajo adelante.

-C´est la vie compañero, C´este la vie…

Se bebió toda la copa de un sorbo, cerró la puerta….y salió.

 

Pues sí, “C’est la vie”. Es lo que hay. En lugar de denunciar abusos, plantarle cara a los que se aprovechan de nosotros, salir a la calle, manifestarnos, mover cielo y tierra para averiguar en qué convenio de nuestra empresa vienen lo que ellos dicen que es como dicen, hacer huelgas que de verdad paralicen el país y asaltar hasta La Moncloa si es preciso…sólo agachamos la cabeza y, posiblemente por miedo, nos limitamos a decir “Es lo que hay”. Hay que tragar. Seguir adelante como sea. Porque bueno, con esto podemos. Total, al menos tenemos un trabajo. Los hay peores. Es lo que hay. Así es la vida. Y nos conformamos. Una y otra vez. Y vamos dejando que los días pasen. Y que todo empeore. Y esperamos a que alguien cambie algo que sólo podemos cambiar nosotros. Así es España, así somos los españoles, enfermos de conformismo… y ¿hasta cuándo? me pregunto… y no encuentro la respuesta…y ya casi, ni el motivo.

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