Lunes…

Odiamos los lunes. Y es que levantarse para emprender la rutina después de un fin de semana de desconexión cuesta mucho, de eso no nos cabe duda a nadie. Y si a eso añadimos esta rutina laboral de conformismo que nos asfixia, es normal que los lunes sean cada vez más odiados, pues los trabajos, cada vez más, son el reflejo de los pasos que laboralmente hemos retrocedido desde que en este país de locos unos ineptos se hicieran con el poder, permitiendo que pisotearan nuestros derechos e incluso ayudando a ello. Pero esa es otra historia que ya tuvo cabida en este blog en un artículo que me gustaría invitaros a leer de nuevo.

Y es que, por muy mal que estemos en los trabajos, al menos, nos permiten vivir. Y aguantar a los jefes (que es en lo que se han convertido los trabajados últimamente, en aguantar las tonterías de unos pocos) nos da para llevarnos un plato de comida a la boca cada día, para tener un techo sobre el que cobijarnos e incluso para consumir el tiempo que nos queda de libertad de la mejor forma posible. Y ya quisieran muchos poder odiar los lunes, o los martes…y ya quisieran muchos tener un jefe del que quejarse…pero en España el artículo 35 de la Constitución se ha convertido en papel mojado en los últimos tiempos.

Y hoy que es lunes, y que somos muchos los que nos quejamos del madrugón, quiero recordar este pasadoble de los Hermanos Carapapa, a los que por cierto podremos ver de nuevo este año en las tablas del Falla después de dos años fuera del Concurso Oficial de Agrupaciones (COAC). Quiero que todos los que afortunadamente (sea mejor o sea peor) tenemos un trabajo al que volver el lunes nos paremos a pensar en esos que no tienen ese privilegio, que no entiendo porque hoy día un derecho constitucional se convierte en un privilegio pero que, por desgracia, así es. Es uno de los pasodobles que más me gusta como trata la dura realidad española del paro, pues te hace consciente de ella dibujándote con palabras lo que supone que en nuestro país tengamos casi 5 millones de parados pero que, a la vez, llama a la acción, pues 5 millones se podrían convertir en un fortaleza si todos salieran a la calle a la vez a luchar por sus derechos, y en un arma si los demás los apoyásemos. Pero, desgraciadamente, no somos tan valientes… y ellos seguirán en sus sillones, sentados cada mañana sin hacer nada…

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