A un amor improvisado

Me enamoré de tu eterno silencio,
de tu paz, de tu horizonte infinito,
de cada uno de los suspiros que me atormentan desde entonces,
del sol que despierta, cada noche, tu mirada;

me enamoré del pacto que hiciste con nuestra madre,
de tu azul puro, de tu blanco marchito,
de las palabras que susurraste a mi oído cada mañana,
de esa sonrisa que gana, a destiempo, las batallas;

me enamoré de tu espíritu libre, indomable,
de tu largo cabello verde, despacito,
de las memorias que ibas dejando en mi cuerpo,
de tus manos, que dan vida al paraíso…

Y así, sin más,
sin quererlo aunque buscando,
me enamoré de cada momento que viví contigo,
y de los que vinieron pensando en ti

Y ahora no puedo sacarte de mi memoria,
pues tu magia se hizo en mí, vida, para siempre…

 

 

 

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